Asfalto, Bloque, Mezquita, Leño, Barón Rojo, Obús, Santa, Panzer… Todos ellos, y muchos más, pasaron por Chapa Discos. Es el momento de repasar su génesis, éxito y desintegración.
Se cumplen treinta y cinco años desde la fundación de Chapa Discos, un sello fundamental en la transición política española que el activista locutor musical Vicente Mariscal Romero puso en marcha con mucha ilusión y cierta inocencia. Dejemos que los protagonistas nos cuenten su historia…
Los duros comienzos…
Vicente Mariskal Romero : El primer Viva el rollo salió en 1975 en Moviplay, con Pelayo como productor, pero yo era el alma. Ahí estaban todos los grupos que venían a mis shows a las discotecas. Fueron dos años hasta que yo me metí en la pomada.
Luís Soler: Lo importante era que en ese momento la sociedad española necesitaba algo después de tanta represión, era un momento de cambio muy brusco. La gente no era tonta y sabía que fuera había grupos y querían tener algo suyo, realmente español.
Fortu (Obús): Las dictaduras no son buenas, ya sean de derechas o de izquierdas. Y era lógico que el pueblo saliera a la calle y fuera a los conciertos para ejercer su libertad de expresión.
Mariskal: El sello es en realidad producto de la radio, un reflejo de mis programas. Chapa era una ideología, ganas de vivir el libertad, de buscar lo mejor para nuestros hijos y nace en Campo de Criptana, en mitad de una tormenta. Un loco había montado un festival y yo había ido a presentarlo. Nos tuvimos que meter en la furgoneta porque no paraba de llover y Asfalto me empezaron a llorar: “joder, no hay dios que nos haga caso”.
Julio Castejón (Asfalto): Yo era un chico de barrio y estaba fascinado con los Beatles, con los Rolling, con la música que significaba libertad. La mili me tocó en Ceuta y escuchábamos radio Gibraltar y ahí descubrí otra música: Traffic, Yes, Pink Floyd, Deep Purple… Música inteligente que no se hacía pensando en el estribillo, sino en transmitirte algo. Y yo quise montar un grupo así.
Mariskal: En las radios no les hacían caso y yo me di cuenta de que yo estaba siendo punta de lanza, tenía la discoteca MM, que la abrí yo para que vinieran a tocar los primeros grupos, pero me di cuenta de que me tenía que mojar mucho más, porque las compañías de entonces no lo iban a hacer, porque el rock les sonaba a chino. Me presenté con la idea a las multinacionales y no me dieron bola, me decían que estaba loco y que el rock era algo anglosajón y que no iba a funcionar. Curiosamente la propuesta la aceptó Zafiro, una compañía retrograda, entre comillas, de ejecutivos con el peinado abrillantado y hecho por la mañana con la lengua de una vaca. Esos son los que apuestan por Chapa: Antonio Ortega era el director ejecutivo y Esteban García Morenco, uno de los pioneros de lo que es el negocio del disco en nuestro país. Yo no sabía ni que eran del Opus.
Yeyo González: Carmen Grau llevaba en la empresa tiempos inmemoriales y había sido artífice de los éxitos de Los Brincos, Juan y Junior, Joan Manuel Serrat. En su mesa tenía un crucifijo y teníamos que pasar por delante de su despacho para llegar al nuestro. Cada vez que aparecían por allí los músicos con sus melenas la pobre mujer se descomponía, ¡hasta se santiguaba! (risas) Pero al final nos tomó un gran cariño, en plan abuelita Paz. La gran historia está llena de pequeñas historias humanas.
Mariskal: Yo tenía mil cosas… La discoteca, la radio… Siempre andaba metido en quilombos, pero una de las condiciones era que yo tenía que producir. En Zafiro trabajaba Luís Soler, que era un fanático de los que me llevaba música a la radio, y yo en él encontré a mi persona de confianza. Él recibía todo y me filtraba lo y yo decidía. Estuvo conmigo el día que fichamos a Tequila en el San Juan Evangelista.
Luís Soler: Le propusimos a la compañía discográfica que nos diera unas migajas de lo que sobraba en los estudios de grabación para poder sacar a grupos que en Madrid estaban a un nivel underground.
Mariskal: Zafiro me dejó hacer dos discos y si salía bien entonces me dejaban crecer. Asfalto fueron los grandes debutantes del sello.
Luís Soler: Hubo que luchar, porque para grabar el primer disco de Asfalto nos dieron sesenta horas y con los medios que había era un reto, pero tuvimos la suerte de que Asfalto tenían un background y rodaje. Había alma e intención y no hacían falta florituras. Grabamos después a Bloque también muy rapidito.
Yeyo: Vicente tenía ganada la libertad de trabajar porque se ganó la confianza del director general. Le dieron muy poco dinero y muy pocas horas para elaborar la producción de los primeros disco del sello, pero Vicente demostró seriedad en el manejo del presupuesto y las horas de estudio, en la salida del material en tiempo y forma. Sesenta u ochenta horas era lo que empleaban otros artistas en afinar las guitarras, pero los de Chapa se hacían un disco con mezclas, por eso los primeros discos adolecen de una mejor producción, pero yo lo cambio por frescura y lo que significaron de bocanada de aire puro a un panorama musical dominado por Bosé, Sexto, Perales, etc...
Mariskal: Zafiro me puso como condición que no hubiera ningún problema con los grupos y qué fatalidad que el primer grupo que grabamos fuera el primero que quiso separarse. Hasta de rodillas les rogué a Asfalto que no se separaran nada más grabar el primer disco, porque sabía que Zafiro cerraría el grifo para las demás bandas, y se iban a quedar veinte grupos sin grabar. Pero fueron a su bola. Al final siguió Asfalto y surgió Topo, con dos carreras muy brillantes, pero que podrían haber puesto en peligro la historia de chapa.
Lele Laína (Asfalto, Topo): El primer disco de Asfalto lo hicimos en muy pocas horas y después de escucharlo nos dejó un poco insatisfechos, por ahí empezaron los problemas. El contenido es bueno, pero era una época difícil, sin medios, con algo más de tiempo creo que habría sonado mejor.

Mariskal: Lele y Jose Luís no lo comprendieron nunca y decían que yo estaba en contra de Topo, y no es verdad, mi cabreo es que podía haber muerto todo lo demás, desde Tequila a Kaka de Luxe.
José Rafa (Mezquita): Fuimos a Madrid y contactamos con Vicente que era el gurú musical y nos dio dinero para grabar una maqueta cuando nos llamábamos Expresión. Nos llamó Gonzalo García Pelayo y también Vicente, y teníamos que decidir con quién hacíamos nuestro disco. Fichamos con Chapa porque fue el primero que confió en nosotros. Gonzalo fichó a Medina Azahara y ellos se hicieron más famosos, pero nuestro disco salió antes que el de Medina y la historia con nosotros no ha sido justa, porque en el 73 ya hacíamos rock andaluz y Triana salieron en el 76. Nos imitaron después de tocar con nosotros en la sala JJ. De todos modos el éxito es una cosa muy relativa, quizá no hayamos sido tan famosos, pero estar en Chapa con los mejores grupos que ha dado este país ya ha sido un éxito.
Luís Soler: No había canales donde promocionar estas bandas, como no fuera la cadena del váter de Vallecas. Y para los 40 el mensaje era totalmente subversivo. Las letras eran crudas, pero era lo que la gente vivía y creo que fue uno de los motivos por los que llegó a tanta gente.
Mariskal: Yeyo se incorporó a Chapa. Empezó a venir a Radio Centro como mirón y colaboró en mis shows, hacía promo, en los textos, venía de tour manager…
Yeyo: Yo comencé en Radio Centro como becario, estaba estudiando periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información. En la emisora, los más jóvenes me adoptaron y me enseñaron a trabajar en la radio, y como era huérfano y sin pasta, ellos fueron los que me enseñaron a pescar, en lugar de darme algún pescado. Grababa programas de radio como técnico de sonido, Vicente me ofreció manejar los platos en las fiestas en las que presentaba grupos de rock. Al mismo tiempo Hispavox me ofreció trabajar en el departamento de promoción. Me gustaba, pero los artistas eran Raphael, Mari Trini y Perales, así que acabé en Chapa.
Mariskal: Todos pasaron por nuestro despacho y nos dejaban las maquetas a puñados. Pudimos ficharles a todos.
Luís Soler: Lo de los recopilatorios Viva el Rollo era para dar a conocer a los grupos que había con una canción de cada uno para ver cuál realmente podía salir adelante.
Mariskal: Con tantas horas de estudio y con los músicos conscientes de que yo era un fanático me acabaron proponiendo que cantara. Yo había hecho “Black Feeling” en 1975, un disco con música de discoteca y yo en plan Wolfman Jack o Roscoe, charlando y con música negra de fondo. En el segundo hice lo mismo, pero ya con los artistas nuestros, y acabé cantando. Con mi show de radio yo acababa siempre cantando el “Johnny B. Goode” y el “Jumping Jack Flash” o el “All Right Now” en los setentas, ahora no aguanto ni un tema.
Mariano Muniesa: Chapa demostró que podía hacerse con trabajo, ilusión y ganas, y sabiendo de música, cosa que ya no ocurre y menos aún cuanto más grande es la compañía. Amaban la música, se pateaban las salas, hablaban con los locutores y periodistas de cada provincia y se iban a verlos. Buscaban y rebuscaban. Chapa fue el ejemplo de cómo debería funcionar una compañía y crearon un movimiento musical que llegó a la FM y a las revistas, como Heavy Rock, que surgió en 1983.
Yeyo: Los departamentos de promoción de antes eran mucho mas incisivos que los de ahora: yo tenía un recorrido semanal de emisoras, periodistas de prensa escrita y televisión que visitaba de forma regular y les informaba de nuestras cosas. Rafa Revert de los 40 era un fan de Elvis a muerte, y yo llegué y le dije que esto era mejor que Elvis y a él, que estaba acostumbrado a que todo el mundo estuviera peloteándole, le hizo gracia que le entrara así alguien de 17 años. A partir de ahí fue tragando con algunas cosas.
El éxito: Barón Rojo y Obús.
Mariskal: Yo produje los tres primeros discos de Barón Rojo y fue un honor porque es la banda más grande del rock español en toda su historia, por virtuosismo y por talento. Ningún grupo dio tanto prestigio a nuestro rock, estuvimos por Europa, Latinoamérica, Japón y la historia está ahí.
Luís Soler: Barón Rojo eran unos señores que eran músicos serios, tocaban como ángeles. Y las letras eran estribillo tras estribillo y funcionaron. No tenían look, Teatro chino de Manolita Chen, que es lo que ha sido un poco el heavy metal.
Mariskal: Los hermanos eran los virtuosos, sobre todo Armando, un tipo tocado por los dioses para tocar la guitarra. Campuzano era mejor letrista y compositor.
José Luís Campuzano “Sherpa” (Barón Rojo): Nuestras letras eran de mala leche, pero no eran violentas.
Armando De Castro (Barón Rojo): A mí me echaron del colegio por llevar el pelo largo.
Sherpa: Nos hartamos de que nos llamaran yeyé de un modo totalmente peyorativo, de ahí pasaban a llamarte maricón y de ahí a gamberro y de ahí a la comisaría.
Carlos De Castro (Barón Rojo): Armando y yo durante muchos años hicimos rock en inglés, sobre todo versiones, pero comenzaron a surgir sellos y estaba claro que para aspirar a grabar había que hacer temas propios y en castellano. Al principio grabaron más fácilmente los cantautores y los que hacían rock urbano, así que fuimos de los últimos en grabar.
Sherpa: A los pocos días de salir el primer disco nos llamó al manager y nos dijo “oye, que lleváis 8.000 discos vendidos en dos días”, poco después “que lleváis 30.000” y al final disco de oro. Cuando hicimos la presentación en el Frontón de Madrid llegué en taxi con mi bajo porque no tenía ni coche y me encontré un montón de gente en la calle Atocha y eran los que venían al concierto, ahí empezamos a notar que la cosa funcionaba.
Muniesa: Gracias a Chapa se llegó al momento cumbre del rock en España en la primera mitad de los ochenta, parte de culpa la tuvieron Barón Rojo, que venían avalados por el grupo Coz, de donde venían los hermanos de Castro, pioneros del rock duro español. Su química musical fue única y llegaron a girar por Inglaterra y grabar allí e incluso colaborar con ellos Bruce Dickinson o Michael Schenker.
Sherpa: En uno de nuestros viajes a Londres estábamos tocando en Greyhound, un pub en el que te pagaban dos duros, pero habían tocado desde los Rolling Stones hasta AC/DC, y llegó Bruce Dickinson y acabó subiendo a cantar con nosotros y nos hicimos amigos. En Reading tocamos gracias a él, porque llegamos tarde y nos habían quitado del cartel, demostró ser un tío estupendo.
Yeyo: En España no era como en Inglaterra donde había un circuito establecido, tuvimos que inventarlo. Era una lucha de gigantes, contra la estructura, contra absolutamente todo. En un pueblo habíamos pedido por contrato 15.000 vatios de sonido y 35.000 de luz, que era lo que llevaba Barón Rojo, y debieron pensar que era lo mismo que consumían los caballitos de la feria que tenían allí. Así que fue enchufar y reventar toda la instalación eléctrica y 6.000 personas en la puerta esperando para entrar… En un pueblo de Lérida el escenario estaba hecho de cajas de frutas. No había camiones, salvo los capitonés de mudanzas, no había estructura, fueron pioneros.
Muniesa: El mejor homenaje que se le puede hacer a Vicente Romero y a Chapa Discos es que no se hable del sello de una manera nostálgica o en plan “Cuéntame” o simplemente recordar que hubo una movida rockera con más contenido que la otra, sino que tenga continuidad, que sigan saliendo grupos y grabando discos, que pese a Internet y a la baja de ventas, las cosas en el año 75 estaban mucho peor y ya lo decían Barón en una de sus letras: “Me compré una guitarra con el sueldo de un mes y un amplificador con el de tres”, era muy caro hacer música en España.
Mariskal: Obús se querían comer el mundo, eran una bocanada de aire fresco y marcaron lo que eran los ochenta, es el heavy metal en estado puro, ningún grupo dio tanto color al heavy español como ellos. Era su conjunto de imagen y parafernalia como ellos, con Fortu al frente, con su magnetismo, su arrastre, el mejor cantante que ha tenido el heavy español.
Muniesa: Obús supieron trasladar muy bien la imagen del heavy metal anglosajón.
Fortu (Obús): Había bandas españolas que nos llamaban macarras por llevar chupas de cuero y me siento muy orgulloso, porque después las llevaron Mecano y ahora incluso Beckham. Vicente fue un loco maravilloso y tuvimos la suerte de que existiera una compañía como Chapa y apostara por nosotros.
Paco (Obús): ¡Nosotros nos metimos en esto para follar! (risas)
Fortu: Aprendí el rock’n’roll haciendo versiones, pero tenía muy claro que quería cantar en español y tuve suerte de coincidir con mis compañeros y que teníamos todos las ideas muy claras. Para nosotros fue una sorpresa ganar el Rock Villa y aún más cuando reventamos el pabellón. Ya no eran sólo los guiris los que llenaban los pabellones.
Mariskal: En Venezuela llenamos el poliedro de Caracas con más de 20.000 personas con Obús.
Juanjo (Bloque): Nosotros éramos muy provincianos, pero utilizábamos bombas de magnesio en los conciertos y un día que estábamos pedo les dijimos a Obús como se hacían. Montaron una que cuando explotó dejó un socavón en el suelo.
Mariskal: Yo era un espontáneo obligado a la producción y lo único que yo podía aportar era las voces, que es de donde yo venía. Y me dejaba llevar por los ingenieros y mi gusto, ese bajo como el de Jack Bruce.
Yeyo: La producción del disco de Obús la hizo Luís Soler con Tino Casal y como a Tino le había producido Julián Ruiz imagino que intercedió ante Revert para que Obús entraran en listas y acabaran llegando al número 1 de los 40.
Luís Soler: La primera vez que entré en un estudio de grabación me pareció el Nautilus y me sentí como el capitán Nemo.
Mariskal: Luís Soler apostó por la producción de Tino Casal, que era un genio. Pero el segundo de Obús era empalagoso, pero es que Tino era así y el disco fue una mariconada. Yo no intervine.
La Movida… ¡Y Leño!
Mariskal: Yo pasé de La Movida por dignidad, lo que no hicieron otros.
De la movida me encantaba la diversión, sobre todo Kaka de Luxe, para mí eran nuestros Sex Pistols. Mermelada me encantaban, los Elegantes me gustaron y yo tuve en la mano todo porque Chapa era el único camino y todos intentaron venir, pero yo por dignidad no quise convertir el sello en un mare magnum, yo era de la escuela de Hendrix y los Cream pero no podía enrollarme con algo que no tenía nada que ver con lo que yo respetaba. No era una cuestión estética, era de calidad, yo no me iba a sentir bien defendiendo a toda aquella gente, que aunque viniéramos de la misma escuela a mí no me gustaba ese mariconerío.
Yeyo: La movida madrileña la tuvo Chapa en sus manos, porque la maqueta de Kaka de Luxe la grabé yo junto a Manolo Velázquez. Nos daba la risa sólo de pensar en la posibilidad de publicar eso. Y cuatro años después era el inicio de la movida (risas).
Mariskal: Estaba grabando Tequila en Audiofilm y metí a Kaka de Luxe con Luís Fernández Soria en el estudio de al lado. Era uno de los mejores productores que ha dado este país, un ingeniero tremendo, un cerebro, un tipo exquisito, nuestro Alan Parsons. Y Luís me llega a la media hora y me dice “vamos a ver, yo no soporto esto, es una cagada”. Le dije, “Mira Luís, esto es rock and roll y diversión”. Recuerdo que cuando les llevé las cintas de Kaka de Luxe, Carmen Grau y Antonio Ortega estaban escuchando y flipaban; pero claro, como les estaba haciendo ganar dinero a espuertas las escucharon… Y cuando llegaron a la del suicidio llamaron al abogado y me dicen “no podemos, porque en España es delito decir que te vas a suicidar, no podemos sacarlo”.
Yeyo: Y Chapa acabó editándola años más tarde porque se empeñó Ordovás.
Mariskal: Esas cintas las tuve yo en casa y con el paso de los años me acabó llamando Ordovás o Manrique porque Olvido les había dicho que existía esa maqueta y en el colmo de la idiotez se las di. Pero nosotros para Almodóvar y éstos éramos el demonio, me tenían un miedo espantoso. Nosotros íbamos donde ellos porque allí estaban las mejores niñas de Madrid, las niñas de papá, como Agata Ruiz de la Prada y toda esa panda de gente de perfume de diez mil pelas y bragas de Chanel y nosotros íbamos a pillar.
Yeyo: En cambio los de la burguesía tenían 27 guitarras y no necesitaban ni saber tocarlas bien, porque las primeras grabaciones de Alaska y Dinarama las hicieron músicos de sesión. Pero eran muy divertidos, con su pose. Lo que salía en aquella época era dirigido y pensando en alcanzar los 40 principales, lo único que no podían controlar era precisamente eso, ir a tocar a un pueblo con Barón Rojo y metías a 15.000 personas, eso no lo hacían Mecano. Era el proletariado luchando por salir de su barrio con su música, era la única forma de no tener que levantarse a las siete de la mañana era agarrar la guitarra o jugar en un equipo de primera división. Era una lucha de clases entre los hijos de los currelas e hijos bien que sólo querían divertirse. La Movida en realidad fue la mezcla de todo.
Ramiro Penas (Leño): La Movida no acabó con el rock, empujó a la música. La mayoría era muy pasteleros, pero nosotros estábamos en otro circuito, con Bloque, Asfalto.
Toni Urbano (Leño): La pregunta es ¿por qué La Movida no fue la nuestra, la del rock urbano?
Yeyo: Sí que hubo un mestizaje entre La Movida y los grupos de chapa, porque los amigos del alma de la gente de Mermelada eran Los Secretos.
Ramiro: Fueron los locutores, Ordovás y Julián Ruiz, que eran muy poperos y dieron mucha caña con eso. Nosotros teníamos al Búho, con Paco Pérez Brian.
Yeyo: Algunos periodistas y locutores de aquí hicieron como los ingleses cuando arrancó el punk: era gente que había estado escuchando a Clapton y los Doors, pero apoyaron a lo que salía más joven para que no pareciera que se estaban haciendo viejos. Recuerdo ir a Onda 2 y que no hicieran ni caso a los discos de Chapa, porque querían rejuvenecer con La Movida.
Mariskal: A Rosendo siempre le gustó estar en las dos bandas. Era el fruto más extremo del rock urbano contestatario pero vio una huella económica. No es lo mismo estar en este lado que al otro y que los ayuntamientos te cataloguen de chicos buenos y te contraten. Como dijo Gálvez, se pusieron el disfraz de modernos y endulzaron su discurso, fueron un ejemplo claro de querer entrar en la movida, aunque les rechazaban, porque nunca les aceptaron.
Luís Soler: Recuerdo estar con Leño grabando “Este Madrid” y la mujer de Rosendo dando a luz, son muchas anécdotas. Leño era un grupo que la gente sentía como propio, compartían sus inquietudes, se sentían muy identificados.
La gente se apropió de esa autenticidad.
Mariskal: Ellos hicieron unos excelentes discos y Rosendo era un músico muy mediocre pero con mucho magnetismo. Canta como un burro y toca la guitarra como un elefante, pero ahí está la magia del arte, es maravilloso. Luego hay tipos geniales no se comen nada. Es como lo de Messi, una pulga así mira como juega… Si hay un dios su magia se traspola en perpetuar a esa serie de genios.
Luís Soler: Teddy por lo menos sabía que era un compresor, tenía más claro lo que era un estudio de grabación. Aunque el Más Madera le quedó más poppie. Su labor era más de técnico, de asesor.
Mariskal: Teddy era un genio, un tipo muy visceral que recogía ese impulso primero, pero al final los músicos se vuelven insoportables y acaban queriendo meter mano en los botones y supongo que pasaría un poco eso en Más Madera. Es un poco lo que le pasó a Moris, su mejor disco era el primero, se hizo con una pasta aunque él cuente otra historia. Pero luego ya se volvió loco y comenzaba a pedir de todo y le acabé mandando a tomar por culo.
El final…
Muniesa: Obús abrieron paso para que llegara una segunda generación de bandas como Pánzer, Sobredosis o Angeles del Infierno, que reconocen que sólo al empuje de Chapa pudieron acabar grabando con una multinacional, Warner. Además implicaron a las bandas que acabaron produciendo a las bandas de tercera generación, como el primer disco de Sobredosis o de Santa que fueron producidos por Obús.
Carlos Pina (Panzer): Nos encantaban Asfalto y Topo, les veíamos en directo y parecían tan elegantes y seguros, que nos queríamos parecer a ellos también. Bloque lo mismo, ¡eran tan buenos! Conectamos con Chapa gracias a una maqueta que realizamos en el estudio de Félix, batería de Pekenikes. A Luís Soler y Vicente "Mariskal" Romero la demo les gustó mucho porque era la música de la que se nutría chapa. Una tal Carmen, no me acuerdo del apellido, nos amenazaba todo el rato con no grabar el disco si no firmábamos el contrato editorial previamente, que era robarnos el 50% de la editorial de cada canción, un atraco que aún hoy muchas discográficas siguen haciendo. Todo eran reproches, chantajes y doble contabilidad…
Luís Soler: Hay grupos que preferían no trabajar con Vicente y me acababa encargando yo y no soy precisamente Phil Spector.
Carlos Pina: El primer disco estuvo cocinado por Luís Soler, y fue masterizado en Londres, con un sonido un poco inofensivo. Imagino que Luís deseaba una alternativa a lo de siempre, el tenía una visión tal vez demasiado moderna para la escena heavy y sin querer nos distanció de nuestro verdadero propósito. Para el segundo vinilo trajimos a Bob Broglia, del estudio de Ian Gillan y el tercero lo grabamos en Ibiza con Mariskal y Dennis Herman, decididos a sacar arriba las guitarras.
Sherpa: La abuela rockera era un personaje entrañable, pintoresca y se apuntó al rock’n’roll.
Carlos Pina: Estábamos haciendo una sesión de fotos para la portada del tercer disco y de repente vino a vernos al estudio. Nos gustaba verla porque nos daba mucha alegría que estuviera feliz. Le pusimos mi cazadora y mi gorra y la foto fue un éxito. Tanto que el busto a la abuela sigue en el bulevar del Puente de Vallecas, aunque con los dedos cortados.
Mariskal: Yo era un ideólogo, mucho “¡Viva el rollo!”, pero los que pillaban eran los del Opus. Yo no gané ni un duro con Chapa, es una historia de idiotas, pero es así. Yo actualmente no cobro nada, el contrato que me hicieron firmar era de bobos, de auténticos bobos, por eso yo puedo mirar a la cara a todos los músicos, desde Teddy Bautista a Rosendo, porque en aquel tiempo lo normal era grabarles y producirles y que te pusieran como coautor de temas. Y yo jamás lo hice. El contrato era tan de idotas que no cobramos nada, es notoriamente público.
Yeyo: En cualquier otro país Vicente Romero sería multimillonario y en Gran Bretaña le habrían nombrado Sir, pero en este país las cosas no son así, qué le vamos a hacer.
Mariskal: Había un royalty que supuestamente tenían que pagar y que no lo hicieron efectivo. Hace un año fui a un abogado y me dijo que su hijo de tres años no habría firmado eso. Mucho grito de “¡Viva el rollo!”, pero éramos idiotas y tan tontos que lo que hicieron esos ejecutivos de guante blanco se aprovecharon. Lo bueno es que gracias a eso no podían decirme nada.
Yeyo: Lo más surrealista de todo fue que la mayor cantidad de dinero que entró en Zafiro en los ochenta fue a través de Chapa y eso precisamente fue lo que hizo morir a Chapa.
Mariskal: La gota que colmó el vaso fue que yo era una cabeza de buque en el 84 y llegó a Radio Cadena el cambio político y metieron comisarios, me querían meter en plantilla a cambio de obedecer consignas y me negué. Todo estaba generado por mi animosidad y ya no tenía sentido con ese cambio ideológico y habíamos conseguido los objetivos y había alcanzado un techo y era un alma libre y mi única alternativa era entrar en plantilla. Y tras una vida tan rica me veía trabajando con la mediocre de la María Teresa Campos que era la comisaría que habían mandado. Otros se pegaron tortas por entrar y ahí tienes a todos los de Radio 3
Sherpa: A nosotros el PSOE nos propuso hacer la campaña y fuimos tan puros, tan idiotas que no quisimos politizaran nuestra música, aunque luego les votáramos. Acabamos tocando en un par de fiestas del PCE y nos empezaron a dar cera en El País… Fuímos gilipollas. Ahora no creo en la política, hay mucha gentuza, porque la gente noble termina yéndose. La política es una batalla campal a cuchilla y horca.
Mariskal: Los socialistas habíamos ido a pegar carteles, a hacer conciertos gratis, Coz, Barón Rojo… Y luego llegaron al poder y cuando nos veían aparecer en los despachos se acojonaban; ellos cambiaron. Yo no iba a hipotecar mi vida con gente que decía ser socialista pero que nunca había visto correr ni delante ni detrás de los grises, y por eso me retiré de la radio y del sello. Me fui a Ibiza a dirigir el estudio Mediterráneo.
Muniesa: Chapa desaparece como tal en 1985, de ahí que se hiciera el libro, y todos esos grupos pasaron al catálogo de Zafiro, pero dejó un modelo que luego siguieron otras discográficas: Barrabás, Locomotive…
Sherpa: Llenamos dos días el pabellón del Real Madrid y fueron casi 14.000 personas. El mérito fue de nuestro manager Jesús Caja, que tuvo los cojones de poner su dinero para traer una unidad móvil de Inglaterra para que nos grabara y nuestra compañía de discos no hizo absolutamente nada. Zafiro fue absolutamente cobarde, timorata y luego se apuntó al éxito una vez que todo salió estupendamente. Después de ser doble disco de oro no nos quisieron ni sacar un vídeo, fíjate que visión de futuro… ¡Tanto rezar el rosario!
Yeyo: El director general montó un edificio gigante sólo para su empresa, que sólo el mantenimiento eran muchísimos millones de pesetas. Con un despacho de 200 metros cuadrados, una locura que llevó a la quiebra a una compañía que facturaba muchísimo
Mariskal: Todo lo que hicimos fue a conciencia. Todo tenía una razón de ser y nadie se metió a pintar la mona y de eso soy el responsable absoluto
Mariano Muniesa: La historia la suelen escribir los triunfadores y por eso no se ha hecho justicia con el rock.
Luís Soler: Me siento orgulloso habiendo podido aportar mi granito de arena.
¿Quién es Vicente Mariskal Romero?
Mariskal: Yo nací en Isla Cristina y me crié escuchando al Cojo de Huelva, que iba a cantar al bar de mi padre. Yo llego a Madrid con diez años y acabo convertido en el paladín del rock, ¡me tenía que haber quedado escuchando flamenco! (risas) Pero yo vivía en Ciudad Lineal y la radio de Torrejón entraba como una bomba y por las noches en AM se escuchaba Radio Luxemburgo.
Mariskal: Cuando en el 68 creo Musicolandia no había nada. Estaban Angel Alvarez, Iñigo, Pepe Palau, era todo muy grasa, incluso Iñigo se había escorado hacia el pop y no le interesaba nada el rock. Él le había dado una vuelta de tuerca a todos esos presentadores acartonados como José María Requena, Angel Alvarez, muy engolados, muy de locutor. Con Iñigo y Luqui se abrió un poco la brecha de los discjockeys de imitación de radio Luxemburgo, de las radio piratas, pero yo le di una vuelta más con el Musicolandia, en la que se pincha por primera vez toda esa eclosión de vanguardia ya emanada de la transición entre los Kinks y los Beatles a los Cream y Hendrix principalmente. Y ahí me metí yo con Musicolandia a las doce de la noche en Radio Centro y se me empieza a reconocer.
Mariskal: A mí me sacaron de antena dos o tres veces, me echaron. Poniendo Mothers Of Invention en el 69 me vino un jefe de emisiones a preguntarme qué era eso y me mandó a tomar por el culo, pero como yo me autoproducía mi publicidad al final se daban cuenta de que estaba metiendo cien mil pelas al mes y me llamaban de nuevo. Esa independencia me ha dado la capacidad de pinchar siempre lo que he querido en cualquier radio. Jamás he recibido sugerencias desde el despacho. Salvo en Onda Cero, pero porque Manu Davila era un cagueta y me metía con Merino y los 40 Criminales.
Mariskal: Una de mis mayores satisfacciones fue hacer en el 72 “Ciudades del Mundo” para radio nacional, gracias a Emilio Verdún. Con un magnetófono me iba una semana a cada ciudad y me hice como veinte: Oxford, Marrakech, Ginebra, Luxemburgo… Y allí, claro, fui a la radio y esa noche estaba Tony Prince con Rory Gallagher. Le entrevisté y se acabó publicando en Disco Express. Y ahí estaba también el Emperador Roscoe, tuve la oportunidad de saludarle por la mañana y de él saqué yo lo de Mariskal Romero. Porque había otro Vicente Romero en Pueblo y siempre se confundían con nuestros sobres, así que lo arreglé: Roscoe era el emperador y yo el Mariskal…
Mariskal: Los discos los vendíamos Luqui y yo, el cien mil y yo mil, pero éramos los que vendíamos.
Mariskal: Al final me dieron la medalla de Madrid José Luís Alvarez porque yo creé el Rock Villa de Madrid: lo propuse yo, lo presenté yo y ganó Woyming porque era el único que tocaba, aunque el que más público arrastró eran Kaka de Luxe.
Homenaje a Chapa en Montilla
La organización La Abuela Rock está integrada por unos cuantos adorables chiflados cordobeses que desde hace ocho años han decidido arriesgar el dinero de su bolsillo para rendir tributo a esos artistas que les han marcado. Por su particular Hall Of Fame ya han desfilado Rosendo, Miguel Ríos, Kiko Veneno y Medina Azahara entre otros, pero este año, en lugar de a un músico o banda, decidieron homenajear a Chapa Discos aprovechando el 35º aniversario de la discográfica. Los fastos —además de una buena dosis de degustación gastronómica y etílica de las bondades de la tierra, que son muchas— incluyeron conferencias y mesas redondas por las que pasaron tres de los principales protagonistas de la historia del sello: Luis Soler, Yeyo González y Mariscal Romero, que arrancaron sonrisas e incluso carcajadas de los asistentes con sus anécdotas y recuerdos. Con una copa de fino en la mano podías recorrer la cuidada exposición de todas las portadas de las referencias editadas por Chapa, así como de una buena dosis de memorabilia que incluía hojas promocionales y posters de conciertos y festivales varios, incluso del autóctono y memorable Uva Rock. Además, con motivo del homenaje, se reeditó el libro “Historia de una etiqueta” (reseñado en la sección Papel de este mismo ejemplar rutero) tras ser revisado y ampliado por Mariano Muniesa, otro de los ponentes y entrañable compañero de juerga de la expedición rutera durante esos intensos cuatro días.
El colofón fue un concierto que nos trajo una surtida representación de algunas de las figuras más destacadas de la historia de Chapa: Bloque, Mezquita, Asfalto y Obús, además de la banda local Telúrico. Sería impensable que a estas alturas se hubiera repetido el éxito del Uva Rock —festival montillano que durante los setenta abarrotó varias veces el estadio de la localidad para disfrutar del directo de bandas rockeras, incluidas un buen número de ellas de Chapa, claro está—, pero si la meteorología hubiera acompañado quizá se hubieran superado en esta ocasión los dos mil asistentes. En cualquier caso unas mil quinientas personas acudieron a ese fantástico encuentro intergeneracional en el que incluso se pudo ver a abuelos que llevaban a sus nietos de la mano. Saltaron al enorme escenario Bloque, que sorprendieron por su gran sonido y, espoleados por la energía de un joven batería, ofrecieron un set robusto que rescató sus mejores temas, con un sonido remozado pero respetuoso con sus raíces. Juan Carlos mantenía la voz intacta y Juanjo manejaba la Stratocaster con precisión, mientras Sixto se había pasado al bajo de los Pink Floyd cántabros. Los triunfadores de la noche, sin duda alguna, fueron Mezquita. Jugaban en casa, pero su potencia y entusiasmo cautivó también a los que veníamos de por encima de Despeñaperros. José Rafa se lució con la guitarra y lideró a la formación original de la banda en una actuación tremenda, parecía que no se habían bajado de la furgoneta en estos treinta años. “Recuerdos de mi tierra”, evidentemente, fue de las más aclamadas. Asfalto saltaron a las tablas con la ardua tarea de mantener el listón donde lo habían dejado los cordobeses y Julio Castejón (único superviviente de la formación clásica del grupo) luchó con fuerza para conseguirlo. Instrumentalmente solventes consiguieron reproducir fielmente el sonido original de la banda, incluso las voces, pero esos teclados han envejecido francamente mal y sonaron mucho mejor cuando Julio agarraba su Les Paul. Probablemente sus canciones fueron las más cantadas por el respetable y, cómo no, “Capitán Trueno” sirvió de broche para una actuación algo irregular pero entrañable. Llegaba el turno de Obús y, con una puesta en escena trabajada, los madrileños alternaron sus canciones más recientes con clásicos de la talla de “El que más”, “La raya”, “Dinero dinero”, “Pesadilla nuclear” y, por supuesto, “Prepárate”… Paco estaba hecho un fiera con la guitarra y Fortu con su habitual chulería que tan bien funciona sobre el escenario. Sólo el continuo fallo de los micros deslució en parte una actuación que sirvió de colofón para cuatro días inolvidables que esperemos se repitan unos cuantos años más.
ENTREVISTA LEÑO
Leño fueron una de las principales nadas de Chapa y ahora están de plena actualidad gracias a la edición de Bajo la corteza, un doble compacto en el que un gran elenco de artistas les rinden tributo interpretando sus canciones. Ramiro Penas y Toni Urbano nos cuentan la gestación del proyecto.
Este tipo de discos es difícil que agraden a todo el mundo…
Ramiro Penas: No es fácil montar algo así, empezando por toda la gente que conocemos y que habría querido participar. Ver qué tema quería hacer cada uno… La mayoría se han llevado las canciones a su terreno, han sido muy valientes. Y para mí son acertadas, aunque a unos les gustarán más unas y otros otras.
Miguel Ríos y Luz estaban obligados a estar, no sólo por vuestra amistad, sino porque la historia de Leño en cierto modo acabó al lado de ellos.
R: Con ellos estuvimos en la gira del 83 y hay una gran hermandad. Y estábamos en deuda con el tito Miguel y Luz ya grabó los coros de nuestro disco en directo.
T: ¡Además se habrían enfadado si no les llamamos! (risas)
R: Lo mismo ocurre con Barricada, tenían que estar.
Lo habitual es que este tipo de discos los ponga en marcha un sello o un fan, pero en este caso lo habéis hecho vosotros, ¿por qué?
T: La idea se me ocurrió a mí, aunque es algo que los cuatro teníamos en la cabeza y que tarde o temprano acabaría haciendo alguien. Así que hacerlo nosotros era la forma de no tener que quejarnos después.
El punto emotivo es la presencia de Antonio Vega, supongo que os provocará un montón de sensaciones saber que fue la última canción que grabó. Porque es triste que se haya ido, pero es bonito que lo hiciera con vosotros.
R: Es bonito, pero no queremos que se utilice comercialmente.
T: Su muerte nos pilló en el estudio y nos planteamos quitarlo, porque a los dos días de morir ya estaban anunciando un recopilatorio. Y eso no…
Yo echo de menos a Josele y me imagino que alguno más se habrá quedado con ganas de participar.
El sello nos ha dicho que Amaral y Bunbury les han dicho que cómo no les habíamos avisado… Fito no pudo, Siniestro tampoco, Marea... Pero también queríamos que hubiera grupos no tan conocidos como Marcela Ferrari o Garaje Jack y gente joven.
Ya sabéis que volvieron Obús, Barón Rojo y como habéis estado trabajando codo con codo en esto y el roce hace el cariño, ¿a qué esperáis para hacer unos conciertos para que os veamos los que no pudimos hacerlo en su momento?
T: El tema sale siempre y no nos vemos haciendo una gira. Cuando haya una causa justa o un buen evento lo haremos.
R: Pero no tenemos ya la misma energía y no va a ser lo mismo. Yo no llego a hacer esos breaks y para salir a tocar como Charlie Watts prefiero dejarlo. Preferimos dejarlo donde se quedó.
(NdA: Días después, en la fiesta de presentación del disco saltaron al escenario Rosendo, Toni y Ramiro; juntos hicieron cinco temas)
J.F. León
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