Ya de vuelta a Gran Bretaña, Billy Childish, (Milkshakes, Thee Headcoats) le propone registrar un disco completo. El álbum en cuestión se registró en una grabadora Revox, convirtiéndose la cocina de la casa de Childish en improvisado estudio de grabación, y fue publicado en 2006 en el sello Damaged Goods Records con el título de “Walking Off The Map”. En él podemos disfrutar de la cristalina voz de Molinari, con una producción sencilla y áspera, factores comunes en los trabajos de Childish, se podría decir que cercana a la sonoridad del primer Dylan acústico. Como acompañamiento a la guitarra, Molinari contó con la armónica de Jim Riley, la suave percusión de Wolf Howard y los coros de la esposa de Billy Childish, Julie.
No es sin embargo hasta la publicación de su segunda entrega “A Virtual Landsdele” (Damaged Goods 2008), una grabación más rica en sonoridad y en surtido estilístico, cuando el talento de Molinari ha quedado patente de una manera más preclara, superando sin problemas la prueba de fuego que representa el temido segundo disco, que lo confirma como uno de los valores a seguir dentro del panorama country/folk a nivel mundial. Registrado en esta ocasión en los Toe Rag estudios de Londres bajo la producción de Liam Watson (conocido popularmente por su trabajo con The White Stripes y The Kills) y con el respaldo de una banda al completo, capitaneada por el veterano de la steel guitar B.J. Cole, la labor de Watson a los controles ha dotado al temario de Molinari de un sonido nítido, sin adornos superfluos pero claramente más accesible que el primer trabajo del bardo de Chatman. La grabación se abre con una rítmica tonada que rememora la sonoridad de los Everly Brothers (It Cames Out Of The Wilderness”) y rápidamente liquida su innegable deuda con Johnny Cash en “Adeline·, no en vano Molinari señalaba en Mojo meses atrás el “At Folsom Prisión” como el disco que le cambió la vida. Una sutil melancolía cercana al gran Fred Neil impregna “One Stolen Moment” y los cantautores más socialmente comprometidos son evocados en la emocionada “Lest We Forget”, además de sorprendernos con los aires fronterizos de “Adeline”. Todo ello envuelto en una preciosa portada que luce especialmente en formato vinilo.
Ya se rumorea su posible paso por escenarios patrios para la próxima primavera, momento en el que podremos calibrar en su justa medida la solidez de la propuesta de este trovador del siglo XXI.
Manuel Borrero






